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Thoughts on my Art
Maria Teresa Rizzi
Art is not an instrument of
knowledge, but it can be a
source of spiritual enrichment.
A profound dialogue with a work
of art can take us away from the
world of the profane and maybe,
briefly, we can enter into the
realm of the sacred. This I
consider to be a full
realization of the creative
work.
The encounter between the artist
and his work, the art and the
viewer is a place where there is
no room for words, where
explanations are always
inadequate and insufficient.
There is something automatic and
repetitive in the artistic
activity, an impulse to action
dominated by the pleasure of
making marks with no other
significance than the immediate
expression of a state of mind.
The organization of these marks
on the canvas or the paper
emerges later, as an immanent
necessity of each individual
work, in a process of visual
articulation or balancing.
Intuition is the guide. In this
subjective exploration on which
my images are based there is
always doubt, anxiety and
anguish about the work and its
capacity to shine some light or
indicate a path or suggest a
possibility, in effect, to
arrive at emotional recognition.
My work does not contain a
message ready for consumption by
a relatively indifferent viewer.
I think that my work needs time
for contemplation and
familiarization to unveil it’s
interiority, to communicate with
it.
I find in the geometries, the
abstract motives and the
repetition of marks, the
language of a visual rationale.
This visual geometry is the
general assemblage of my work;
from there I depart to break or
accentuate the symmetries and
proportions. In my work there
are “soft geometries”; they
develop sometimes in a linear
manner and sometimes in an
organic manner. There is a
constant dialogue between
organic forms and hard
geometries that defines my work.
The abstract imagery that I use
encompasses allusions but cannot
be translated as concrete,
specific references, to do so
would reduce the imagery to a
single dimension and would loose
its intended contemplative
spirit.
The symbols and the images take
shape in a floating plane of
underlying memories, with
multiple layers of significance
and references. Painting is a
constant activity of creation
and destruction of
significances, relations and
limits. My art is an art of
registering processes of
affirmation and negation, of
forgetting and reencountering.
The final result: an archeology
of memories.
Pensamientos sobre
mi arte
El arte no es un instrumento de conocimiento puede sin embargo
ser una fuente de enriquecimiento espiritual. Un diálogo
profundo con una obra de arte nos aparta del mundo de lo profano
y aunque sea por breves momentos entramos en el ámbito de
lo sagrado. Esta es la realización plena del trabajo creativo.
El encuentro entre el artista
y su obra, entre el arte y el espectador -algunos la llamarán
experiencia estética- es una zona en donde no habitan las
palabras y en donde las explicaciones siempre resultan inadecuadas.
Hay algo de automático y repetitivo en la actividad artística,
un impulso donde predomina el placer de marcar sin ninguna otra
significación que la expresión inmediata de un estado
de ánimo. La organización de estas marcas en el lienzo
o el papel viene luego como una necesidad interna de la obra individual,
en un proceso de articulación visual o balanceo. La intuición
es la guía principal para resolver la organización.
Está siempre presente la incertidumbre, puesto que no hay
patrones ni criterios a seguir. En esta exploración subjetiva
en la que se basa mi trabajo hay siempre dudas y angustia acerca
de la obra y su capacidad de irradiar alguna luz, de indicar algún
camino, de sugerir una posibilidad, es el temor de lo incierto,
de lo desconocido. En suma, el objetivo de lograr un reconocimiento
emocional, sin ayuda de fórmulas es un camino frágil.
No hay en mi obra un mensaje ya listo para el consumo de un espectador
relativamente indiferente, creo que mi obra exije un tiempo de
contemplación y familiarización para develar su interioridad,
o en otras palabras para “comulgar” con ella.
Encuentro en las geometrías, en los motivos abstractos y
en la repetición el lenguaje de una racionalidad visual.
Las geometrías son una fuente constantemente renovable,
son las palabras de mi expresión, es el ensamblaje general
de la obra visual y de allí parto para romper o acentuar
las simetrías y proporciones. Son sin embargo geometrías
a veces suaves a veces duras. Se desarrollan a veces en forma lineal
y otras en forma orgánica. Las geometrías pueden
interpretarse como metáforas que denotan mediciones o proporciones
racionales. Este diálogo entre formas orgánicas y
geometrías duras, creo que ha sido una constante que define
mi trabajo. En este último período he desarrollado
este diálogo con las formas que llamo moleculares – como
algo que vive debajo del microscopio. Formas eminentemente redondas,
que evocan lo seminal e instintivo. Por otra parte las cuadrículas,
motivos geométricos y lineales como marco contrastante de
un mundo racional deliberadamente organizado, en donde entran las
medidas y los cálculos mas o menos precisos. Estos dos estratos
que son de alguna manera las dos caras que representan una relación
de acercamiento y guerra constante en la vida, se funden aquí en
un intento de armonía.
La economía de elementos composicionales y la reducción
de la paleta de color se explican por mi intención de sobresaltar
el aspecto espiritual de la obra.
Los símbolos y las imágenes se plasman en un plano
flotante de memorias subyacentes, con múltiples capas de
significación y referencias. Es una actividad constante
de creación y destrucción de significados, de relaciones
y de límites. En resumen mi arte es un arte de registro
de procesos de afirmación y negación, de olvido y
reencuentros. El resultado final una arqueología de memorias.
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